Meghan y Harry lo dicen todo.


Los ingleses no siempre hacen lo que prometen y no siempre son puntuales. Debí esperar por más de media hora a Harry y Meghan en el restaurant Tung Wong de Macaracuay, al este de Caracas, donde concretamos la cita para la entrevista.  El tiempo me sirvió para despachar un cubata desenfrenado de los que sirve Fan Kee: hielo y ron hasta el tope y un vasito aparte con un poquito de Coca Cola. Estas dosis de Fan Kee siempre me han tranquilizado mucho y puesto de buen humor, lo que esa vez me vino de maravillas para reconsiderar la mejor manera de manejar la presencia de Laura en la entrevista. Laura es nuestra recepcionista, función que acompaña con la conducción de su grupo de ventas de Amway,   y tenía la esperanza de incorporar a Meghan a su equipo de vendedoras, lo que a su juicio le procuraría una inmensa popularidad. Yo debí aceptar a cambio de su discreción sobre un asunto bastante embarazoso,  ocurrido más allá de mi ámbito conyugal, que por desgracia había llegado a sus oídos. 


  • Ya sabes, Laurita, yo te voy a hacer el lobby para que después puedas hablar con Meghan, pero no me vayas a interrumpir en la entrevista, que bastante nos ha costado que me la concedieran.
  • Ay, Luis Armando, el éxito es aquí ya ahora. Los emprendedores no postergamos.
  • Laurita, coño, no la cagues…- iba comenzar un argumento cuando los vi entrar tomados de la mano. Los recibí de pie y ellos se sentaron sin mayores protocolos, mientras Fan Kee les entregaba sendos menús encartados en carpetas plásticas resignadas a la grasa y a la opacidad. “Combo tles no hay polque no hay costillitas” , les advirtió lacónico y se fue a despachar tres tercios negros a la mesa del abogado de la notaría cercana. 
  • ¿Cómo debemos llamarlos? -inicio la conversación.
  • Meghan y Harry, por favor -respondió, como si restase toda importancia a ese asunto.
  • ¿Por qué han decidido venir a Venezuela?
  • Cuando renuncias a la familia real, lo mejor es irte al fin del mundo, donde no existan las formas que los demás países comparten para entenderse y por ello sea muy difícil seguirte la pista. Che, no quiero ser ofensiva por lo que dije.
  • No hay ofensa Meghan. ¿Qué los condujo a separarse de la familia real?- entré de lleno en el punto. “Si van a pedil es mejol ahola. Ya se están acabando las lumpias. ¿Van a querer telcios negros o cuba libre”-interrumpió Fan Kee. “Chinese people”, masculló Harry, con un gesto de reprobación, que también lamentaba cada una de las ruinas del Reino Unido. Ordené una ronda de cubatas para facilitar la conversación.
  • It’s time to break the secret- reflexionó gravemente Harry.
  • Lo que te voy a decir y tenés que publicar textualmente, va a causar un gran revuelo… y te va a meter en problemas- continuó Meghan.
  • ¡Ay Dios, mija! - dijo Laura antes de emprender un trago muy largo que la preparara para la revelación.
  • ¿Vos sos bilingüe natural? -me preguntó Meghan.
  • No, para nada.
  • Entonces  vamos a hablarlo vos y yo en Español, quiero estar segura de que no vas a interpretar mal nada, de que comprendés completamente- Meghan vio a Harry, quien le devolvió un gesto de aprobación-. La vida de la familia real es insoportable, como debés saber. Hay un montón de protocolos y una agenda de inutilidades sofocantes. Pero esa no es la fuente del sufrimiento que ha provocado cada uno de sus escándalos; es R.-. Meghan no había olvidado su naturaleza actoral, pues guardó un silencio cuyo único fin tenía que ser sojuzgar mi atención.
  • ¿Quién es R?
  • R es un secreto de estado. Un asesor que ha estado en la familia real y el gobierno británico durante décadas, una sombra que crece sobre del poder y ha logrado controlar gran parte de nuestra vida política. Ha tejido una red de influencias de la que es imposible escapar, no importa lo que hagás.
  • He is Rasputin himself -Interrumpió harry
  • What a simile! -dije, intentando alguna forma de empatía con Harry, que prácticamente había sido un testigo pasivo de la conversación.
  • Harry no está hablando en sentido figurado, Luis Armando. R. es Grigori Yefímovich, Rasputín-  El silencio que embargó los instantes posteriores a la afirmación fue roto por la crujiente fractura de la lumpia que Laura había mordido, a estas alturas con mucha hambre y sin disponer de la más puta idea acerca de quién era (o es) Rasputín.
  • Con todo respeto, - interrumpí- ¿quieren que crea que Rasputín está vivo y que controla los destinos de los Windsor y del gobierno británico? - Pregunté en el tono más respetuoso del que fui capaz.
  • ¿No te parece extraña la longevidad y vitalidad de la reina? ¿No encontrás llamativo que alguien con los hábitos desenfrenados de Churchill resistiera dirigir una guerra con tal energía y además casi lograra concluir un segundo período?
  • Lo siento no puedo creerlo- dije, con cierta vergüenza. Imperturbable, Harry puso una tablet sobre la mesa y dejó correr un video. Identifiqué claramente el altar mayor de la abadía de Westminster, ¡a la reina de rodillas! y al resto de la familia real, también incada, contemplado a la figura de Grigory Yefímovich oficiando un ritual rodeado de jóvenes desnudas.
  • Con esto, y esas fotografías -Meghan puso un sobre grueso frente a mí- te creerán. Huimos porque pude sentir su mirada lasciva sobre mí, y era fácil deducir lo que pasaría. Iremos a la selva, tenemos algunos amigos misioneros allá , y aun así tememos que llegue hasta nosotros. Su poder va mucho más allá de Londres.
  • ¿Más allá?
  • Luis Armando, ¿Como te explicás que en un mundo moderno un hombre como Putin se haya mantenido por tanto tiempo en el poder? ¿Cómo es que alguien como Trump consigue la presidencia de los Estados Unidos? 
  • Pero díganme, de qué piensan vivir- preguntó Laurita con una expresión de consternación exagerada.
  • No es relevante ahora- dijo Meghan.
  • La vida no se improvisa. Yo , por ejemplo, tengo un proyecto de vida planificado con una empresa transnacional…
  • Disculpen, nos vamos-. Ambos se levantaron de la mesa y se fueron prácticamente sin despedirse. Laura me veía con extrañeza, como nunca la había manifestado a lo largo de toda la conversación.
  • ¿Tú no ibas a hacerme lobby? ¿A eso le llamas lobby? ¡No me diste ni chance de hablar! ¡Te voy a joder!
  • Eso no tiene ya la menor importancia, Laurita- dije, mientras acomodaba las fotos y la tablet en mi maletín.







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