Hey! Teachers! Leave them kids alone!
Me dicen mis amigos que Gisela es el nombre que preferí olvidar, el nombre de mi profesora de Castellano y Literatura de cuarto y quinto año. Una mujer que, en complicidad con otro boludo, que escribió el libro de texto dirigido a esos niveles, y seguramente, una estólida sucesión docente que urdió su certificación como profesora de educación media, casi logra impedir que yo volviera a leer un libro en mi vida. El bachillerato había interrumpido mi afición por la literatura y me obligaba a leer cosas como la composición del agua y el sodio, que para mí solo tenían importancia por ser el medio que había rodeado al Pequod, abrasado el cuerpo de Ahab y escupido el salvador ataúd de Queequeg. Pero ni el Pequod, ni Ahab, ni Quuequeg importaban un carajo en la didascalia de Gisela. Importaba nada más un puto cuestionario que precedía a cada tema del libro de texto y cada tema en cuestión en poco se diferenciaba de la famosa disección de la rana en Biología, puesto que era, fundamenta...