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Mostrando entradas de agosto, 2019
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Caracas, manicomio portátil. (Gracias Javier Miranda Luque por los favores recibidos) El loco se ha peleado con la realidad. Le ha retirado el saludo, la ha expulsado del espacio de todo cuanto le concierne y no se permite tener noticias suyas, salvo por chismes, quizás muy distorsionados, que los psiquiatras llaman delirios. Y así como el loco declarado destierra de sí las cosas que para nosotros son innegables, nosotros solemos ignorar los signos de la locura, o al menos no darles gran importancia y convivir con ellos como quien lo hace con un primo medio bobo al que nadie toma completamente en serio. Hará menos de cien años que las casas preveían la existencia de una habitacioncita más o menos apartada, que irremediablemente sería ocupada por el primer familiar en perder el juicio, así, con la naturalidad de quien hoy en día prevé la necesidad de construir un maletero. Las entidades psiquiátricas más explosivas y penosas suelen ser reducidas en el discurso cotidiano a un...
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Competencias.                                    E. Hopper Al menos has logrado comprender el diccionario de competencias. Sabes que se trata de una colección de predicados admirables y de sujetos tácitos que esperan por tu nombre. Aunque todo el asunto te fue explicado por un coach regordete y sonriente, que contestaba a cada duda con una pregunta, pero que era clarísimo en decirte que estabas frente a un instrumento de crecimiento personal, veinticinco años en la empresa te habían enseñado que si tu nombre -Claudio Sabatino- no llegaba a inscribirse al inicio de cada una de las oraciones con sujeto tácito, serías anónimo, desaparecerías en anonimato. Creatividad e innovación: .- Es capaz de utilizar recursos tradicionales para construir soluciones novedosas. .- Está más orientado a cambiar que a mejorar. Después de mucho hablar, estas son las 21 palabr...

Desplazamientos

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Conocí a Jacques Lacan cuando se llamaba Philippe y conducía un taxi en París. Siempre fue un hombre de pocas palabras y por eso le gustaba a Miller, quien aprovechaba el silencio del trayecto a casa para meditar sobre las reuniones de estudio de los miércoles. El mutismo de Philippe acompañaba el nuestro, mientras Jaques-Alain Miller reflexionaba sobre la reunión que acababa de finalizar, como siempre sin preguntas o con algunas retóricas que se le rendían como homenaje. Si por alguna causa extraordinaria Philippe no estaba disponible la noche de un miércoles, Miller suspendía la reunión, no sé si porque atesoraba esos sosiegos o si para evadir más testigos de la inexorable decadencia del psicoanálisis que la mengua de interrogantes venía anunciando. Una vez, me pidió que me bajara en su casa para que lo asistiera.  Antes de subir al taxi y nos sometiéramos al voto de silencio tradicional, me dijo que se proponía hacer un ejercicio de sistematización, que nos permitiera se...