Caracas, manicomio portátil. (Gracias Javier Miranda Luque por los favores recibidos) El loco se ha peleado con la realidad. Le ha retirado el saludo, la ha expulsado del espacio de todo cuanto le concierne y no se permite tener noticias suyas, salvo por chismes, quizás muy distorsionados, que los psiquiatras llaman delirios. Y así como el loco declarado destierra de sí las cosas que para nosotros son innegables, nosotros solemos ignorar los signos de la locura, o al menos no darles gran importancia y convivir con ellos como quien lo hace con un primo medio bobo al que nadie toma completamente en serio. Hará menos de cien años que las casas preveían la existencia de una habitacioncita más o menos apartada, que irremediablemente sería ocupada por el primer familiar en perder el juicio, así, con la naturalidad de quien hoy en día prevé la necesidad de construir un maletero. Las entidades psiquiátricas más explosivas y penosas suelen ser reducidas en el discurso cotidiano a un...